dom. Jul 12th, 2020

El papel de la poesía en tiempos de pandemia e infección

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Escribir poesía es un acto terapéutico

Nos enfrentamos con diversos sentimientos y emociones en medio de la cuarentena, hace una semana el mundo cambió para todos. Muchos de nosotros salíamos de paseo, disfrutábamos del aire, el sol, vagar por las calles, salir a centros comerciales. Pero hoy, nuestra realidad es diferente.

La mayoría de las personas estamos conectados; no por el internet, conectados con una rutina, el confinamiento. Y es allí, donde surgen pensamientos y emociones; para algunos tristes, para otros alegres. Todos esos sentimientos podemos liberarlos, existen diversos instrumentos y herramientas ligadas al arte. Podemos pintar, podemos tocar un instrumento, podemos cantar o podemos escribir un poema.

Desde la antigüedad, desde el inicio de los tiempos existió la palabra. Muchas religiones nos cuentan, como la creación del hombre provino del verbo, de la palabra. El hombre, intentó comunicar lo que observaba, lo que sentía, su mundo interno y externo. El hombre dejó un legado en las cavernas, en papiros, en cerámica, en tablillas y entre ellos, en poemas. Podemos consultar la historia y ella corroborará nuestra afirmación. El poeta, fue el gran testigo de los acontecimientos. Él, plasmó en los libros sagrados, poemas eternos, bellos y terribles; en trovas y versos plasmó hazañas de héroes y gigantes, con su pluma dio eternidad a lo que estaba destinado a morir. El poeta, el gran testigo.

Pero el poeta no está conectado solo con su mundo exterior, tiene una gran conexión con el mundo interno, el mundo de las ideas, el mundo de los sueños, el mundo onírico, el mundo de las emociones y los sentimientos. Escuchamos al poeta cantar, denunciar, manifestarse por las tragedias sociales de su época. Es cierto. Pero también existen tragedias y acontecimientos silenciosos que viven y perduran en la intimidad de cada ser humano, también es labor de la poesía cantar esos desastres internos. Hoy, el mundo sufre un suceso inigualable, todos permanecen en sus casas, aislados por un enemigo invisible, silencioso pero letal. Muchos de nosotros comparamos la epidemia que vivimos con alguna escena de una película o algún pasaje de un libro; muchos, no dimensionan la magnitud del problema y otros se niegan a creer que el mundo en que vivíamos desapareció en un cerrar y abrir de ojos.

Pero tenemos al poema, una herramienta a la cual todos podemos acceder con tan solo una hoja y un lápiz. Sí, cualquiera puede acceder, se acabaron los tiempos de los maestros, de los dioses, de los elegidos, la poesía está al acceso de todos y su papel en el confinamiento no es el de entretener, no es el de realizar videos y buscar likes. El papel de la poesía es el de consolar nuestro mundo interno.

Sabemos que, el arte, tiene un carácter terapéutico, Alejandra Pizarnik se refería a ese carácter terapéutico del poema, nos dice la bella Alejandra, “escribir poesía es reparar la herida”. Un hombre, un pintor, después de la primera guerra mundial sería acosado gravemente por la depresión. En hogares psiquiátricos y hospitalizado encontraría una fuente de paz en el arte.  Adrián Hill, propuso el concepto de arte terapia. La poesía puede ayudarnos a reparar heridas, su valor, su inmenso valor consiste en unos oídos abiertos sin juicio alguno. El poema te escucha, el poema te libera, el poema no te juzga, puedes codificar o escribir tus experiencias tal cual las viviste. El poema puede ser ese testigo.

¿Y cómo inicio a escribir?

Es sencillo, la poesía puede salvarnos, puede hacernos sentir vivos, no necesitas un escenario, no necesitas un colectivo, no necesitas un micrófono, no necesitas un escenario. Necesitas de ti, de una hoja y un lápiz. Lo demás son arandelas y migajas.

Empezar a escribir es muy sencillo, tienes que olvidarte de todo, tienes que abandonar viejos conceptos y paradigmas: El poeta no es el borracho, no es el que utiliza un gabán y fuma tabaco, el poeta no es el que acosa a las mujeres, el poeta es el que escribe poesía. Así de Sencillo.  No necesitas rimar, no necesitas medir los versos, no necesitas aprender técnicas, y definitivamente no necesitas convertiré en un estereotipo. En un personaje.

El primer paso para escribir es sentarse, relajarse, conocer tu objetivo. ¿Quieres impresionar a las personas? ¿Quieres aplausos? ¿Quieres destruir la obra de otros para validar la tuya? Suelta la hoja, es mejor que duermas. No sirve tu objetivo.

¿Deseas tan solo expresarte?, puedes hacerlo, es tu mayor objetivo, sencillo y sutil pero contundente, acércate a la hoja y escribe, te dejare unas pequeñas preguntas, las cuales te pueden ayudar, medita con tu poeta interior:

  1. ¿Qué siento?
  2. ¿Deseo construir una imagen en mi poema?
  3. ¿Deseo codificar mis emociones?
  4. ¿Deseo buscar arquetipos los cuales ayuden a expresar mis emociones?
  5. ¿Mis emociones son difusas? ¿Deseo aclararlas?

Olvídate de los juicios, de ese juez interior. No escuches a nadie. Mucha gente dirá que tu poesía no sirve, no la valorará. Recuerda, siempre te encontrarás con dioses, con mesías, profetas e iluminados, aléjate de ellos. Para cualquier creador y artista, esas personas son una fuente de energía toxica.

Escribe lo que sientes, con tus palabras, como tú quieras, solo escribe.

La Poesía en época de pandemia  

Para finalizar, la poesía siempre estará presente, la poesía no es el poeta, la poesía existe sin el poeta, la poesía es un arquetipo y vive en el mundo de la idea, la poesía es un símbolo. ¿Difícil de digerir? Es sencillo, nos encontramos en un momento crucial. Pero, aunque nosotros nos extingamos poco a poco la poesía es ese lenguaje mudo en el cual se expresa la belleza, lo feo, lo sutil, lo blanco y lo negro. La poesía sigue existiendo. Nosotros, los que escribimos poesía, solo registramos sucesos, emociones, sentimientos, los llevamos a una hoja, pero la poesía como tal sigue su curso. Deberíamos preguntarnos, ¿Cuál es el papel del poeta?  La respuesta es sencilla, seguir existiendo, seguir sintiendo, seguir registrando y dejando plasmado lo que en el confinamiento dicta nuestro corazón y nuestras experiencias.

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