sáb. Jul 11th, 2020

La novela de suspenso que predijo el coronavirus “Los ojos en la oscuridad”

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Por Juan Andrés Gutiérrez

Dicen que todos estamos unidos por una gran conciencia, una conciencia universal, que todo evento, pasado, presente y futuro está consignado en una gran memoria, en los códices del universo. Tal es el caso de los antiguos profetas, ellos codificaron sus visiones bajo imágenes y un juego de palabras, tratando de dar explicación a lo que observaban con su mirada primitiva.

Unos siglos más tarde, un médico, científico y alquimista pudo develar los misterios del destino por medio de visionas caóticas, nos referimos a Nostradamus, un viejo, astrólogo francés, el cual encripto en sus estrofas, visiones crudas de desastres, muertes, victorias y reinos de terror sobre la tierra.

Hoy es difícil encontrar un vidente o un mago, o en su caso más extremo una profecía. Nuestro planeta se desborda, colapsa, vemos día a día el mal uso de nuestros recursos y la escases de los mismos, como hectáreas de bosques son arrasados, observamos la destrucción de nuestra especie, hoy vemos como un virus cobra la vida de miles de personas, el coronavirus.

Un virus mortal que nos remonta a la novela “Los ojos en la oscuridad” escrita por Dean Kootz en los años 80, la novela de suspenso trata sobre un virus mortal, un arma biológica creada en Wuhan, China, en el libro publicado en el año 1981, Dean Kootz, bautiza el arma legendaria de su novela como Wuhan – 400, un arma letal, perfecta, creada en un laboratorio por el gobierno comunista chino.

Pero no es la única coincidencia, Kootz, ambienta su novela en el año 2020. 39 años antes que el coronavirus azotara la población mundial, una novela de suspenso de los 80 reseñaba entre sus hojas nuestra época como contexto para el desarrollo de su trama. El Wuhan – 400, el arma biológica datada en “Los ojos de la oscuridad” se expande desde china al mundo debido a un error en un laboratorio de Wuhan.

La historia transcurre bajo los pasos de Christina Evans, una mujer común, la cual comparte su núcleo familiar con su único hijo, ella lo envía de vacaciones a una actividad de camping, el joven tiene un equipo guía experimentado, el cual hace que la madre sienta confianza en el nuevo reto que se propone su hijo, pero todo sale mal, ocurre una tragedia, el monitor, el guía y todo el equipo de montaña muere, Christina pierde el rastro del pequeño explorador. Ella, entre el duelo y el llanto intenta aceptar la muerte de su hijo, pero sucesos extraños empiezan a acontecer en su diario vivir, mensajes en las pizarras, los contestadores, los computadores le avisan que su hijo no está muerto, a la par surge un virus creado de forma artificial en la ciudad de Wuhan, ChIna, el arma biológica es liberada por accidente en un laboratorio de máxima seguridad, liberando un virus familiar y similar a la neumonía, el cual se comporta y tiene una letalidad del 100 % en el ser humano.

Grandes coincidencias son las que han hecho que la comunidad lectora ponga sus ojos en la novela de Dean Kootz, como un referente extraño que comparte datos con el surgimiento del coronavirus, aunque es de aclarar que los síntomas, la letalidad y algunas descripciones de la enfermedad no coinciden en su generalidad, es extraño la descripción exacta del año, lugar y el arma biológica fundamentada en los procesos respiratorios del ser humano.

Es extraño que Kootz acertara con una información tan precisa y que hablara en su relato de un arma biológica exponencial y mortal para nuestra especie. Entre las diversas líneas, relatos e imágenes que emergen en su novela y hacen referencia a una línea de tiempo imaginaria. Cabe aclarar que algunos de los datos de la novela fueron inspirados en la guerra fría, las armas, las teorías de conspiración, la mortandad de los humanos por medio de un arma biológica. Lo que no podemos negar es que Kootz imprimió su libro un referente que se enlaza con nuestra realidad actual, el coronavirus.

Es en este momento, en el que rememoro la afirmación Rimbaud “el poeta es un vidente” ¿Dean Kootz es un vidente? ¿O poseía información clasificada por mano de los diversos actores de la guerra fría? No lo sabemos, generalmente las profecías y visiones llegan bajo imágenes inexplicables, encriptadas por el mundo etéreo, por las fronteras del ensueño. Nunca vamos a saber de qué fuente humana o etérea Kootz tomó información para su novela, hoy solo tenemos la certeza que todos vivimos con los ojos en la oscuridad.


Por Juan Andrés Gutiérrez
juanandresgutierrez@hojanegra..com

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