Mie. Abr 1st, 2020

Selección de poemas de José Sbarra

7 min read

José Sbarra (Argentina. 1950 – 1996) Poeta, autor de libros infantiles, guionista argentino, autor teatral. José Sbarra fue un poeta argentino que publicó en sus inicios cuentos infantiles, después dejaría la escritura para los más pequeños y se lanzaría a explorar la prosa de una forma, oscura, decadente y sórdida. Algunas de sus obras se centran en los bajos fondos del ser humano, entre ellos: Plástico Cruel, Marc o la sucia rata. Hay que aclarar que sus obras fueron llevadas al cine y hoy es considerado un escritor subterráneo, un escritor de culto entre los jóvenes amantes de la poesía argentina.

José Sbarra convirtió su vida en un lienzo, en el cual exploró las drogas, la prostitución, los encuentros homosexuales, una noche del 23 de agosto de 1996, José Sbarra murió en las manos lánguidas del SIDA.


POEMAS


El verbo es amar
amar bien
amar mal
amar como sea
pero amar.
La clave es amar
y cuando todo duela
amar con mayor intensidad
y cuando todo se torne insoportable
amar el doble.


No nos une el amor

No, naturalmente, no nos une el amor
sobrevivimos sin amarnos
¿Cómo podríamos amarnos? Nadie ama a un desdichado
salvo que se trate de un hermoso príncipe de cuentos
y su desdicha sea sólo aburrimiento o hartazgo.

Nos cansa pronto escuchar un gemido
y más aún cuando no proviene de un bello infante Abandonado
en una cesta a orillas de un lago de garzas y
flamencos.

No, los desdichados estamos confinados a sobrevivir en
la soledad masticando nuestra humillación como un veneno
que nunca nos mata.

No, naturalmente, no nos une el amor
en todo caso, lo que nos une es un idéntico resentimiento
una misma rebelión, una rebelión
tan desmesurada que acaba por volverse
estéril. No es una rebelión genuinamente política ni
religiosa, es la rebelión
de nuestro origen contra sí mismo
de nuestra sangre contra sí misma
de nuestra nada contra la nada o
de nuestro cielo contra el cielo de los otros.
Es la rebelión de los que sufrimos porque deseamos algo
que no existe.

No, naturalmente, no nos une el amor
nos une el magnetismo de esta casa;
nos une este laboratorio del dolor;
nos une este cuarto que nos aísla del Insulto,
del bostezo indiferente de la calle,
de las lluvias heladas del invierno,
del sol ardiente del verano;
nos une este lugar en el que somos contenidos
y este tiempo que nos mide.

No, naturalmente, no nos une el amor
nos une la misma búsqueda
(o la misma fuga)
Nos unen, en definitiva, los mismos interrogantes,
las mismas ignorancias
y el mismo deseo (una bruta ansiedad)
por conocer al menos el porqué de nuestro sufrimiento.

No, naturalmente, no nos une el amor
nos une, en el mejor de los casos, el terror a la
soledad completa, la incapacidad de amar a otro ser
sin sentirnos inferiores y humillados.
Nos une un orgullo que se alza cuando más desmoronados estamos.
Nos une la incredulidad de que alguien diferente pueda
amarnos.

No nos une el amor
nos une la vergüenza.
Nos une el pudor de saber tan íntimamente cómo es el otro
y de no saber con la misma intimidad quién es el otro.
Nos une un raro temor, algo así como una envidia anticipada por si uno de los dos ingresa al mundo de los seres
dichosos.
Nos unen todas las bajezas visibles y las previsibles.
Nos une el fracaso como un pacto de niños,
firmado con sangre y alfileres.

No, no nos une el amor
ni la esperanza de alguna vez amarnos
nos une nuestro empecinamiento contra las insalvables
distancias que nos separan.
Nos une la inercia de dos esculturas que, comparten una
plaza: cada una sobre su piedra sin poder alejarse un
solo paso
pero también sin poder acercarse un solo paso.
Nos une ese acercamiento incompleto
ese mirarnos cada uno desde su altura
(o desde su miseria)
Nos une un largo silencio cargado de palabras
que pesan demasiado para decirlas así porque sí,
sin garantías de que no estallen en los labios al pronunciarlas.

No, no nos une el amor
que es un puente
lo que nos une es un abismo.
Nos une este lamento
que trazamos las tardes de lluvia como dos gatos
arrinconados por niños armados con piedras.
Nos une este lamento
como una esperanza involuntaria, inconsciente, de que él nos salve.

No, no nos une el amor
quizá sea el infortunio el que nos obliga a aferramos
con tanta vehemencia,
quizá sea este viento por el que nos dejamos arrastrar
o quizá sea esta penumbra que nos desdibuja.

No, no nos une el amor
nos une el acicate de una soledad idéntica y diferente
y no es únicamente el temor a la soledad presente
es también la premonición de encontrarnos solos en el
futuro.

José Sbarra de su libro Obsesión de vivir


Elegimos el ejemplar más exótico,
nos enamoramos de su libertad
y empezamos a construirle una jaula.


Solamente un imbécil se pregunta si es realmente el
sonido del mar lo que escucha cuando apoya un caracol
en su oreja.

Ese imbécil fui yo, se entiende.

*

No dejes que te impresionen las estrellas
que quizá estén todas muertas.
No te dejes corroer por las canciones añejas.
Duerme y nada más.
Esta noche, duerme.
Mañana una muchedumbre de arcoiris
con lo que haya quedado vivo, ya conoces el mecanismo,
te fabricarán una sonrisa nueva.

Ahora duerme y nada más,
esta noche, duerme.
No te castigues con la luna,
ese transatlántico indiferente,
este silencio pasará
volverán las palabras como pájaros,
como veranos, como soles
volverán las palabras
y alguien dirá tu nombre.
Esta noche, duerme,
echa el ancla y duerme,
duerme.

Que por unas horas oscuras nada te hiera.
No llores, no implores, respira y duerme
concéntrate en la respiración
y acaríciate un hombro,
ámate un poco y duerme
esta noche duerme.

Mañana tendrás la oportunidad,
flamante y renovada de volverte a equivocar.

*

De todo lo que conocí quiero más
más nieve, más fuego
más sexo, más calma
de toda la locura quiero más
y de toda la pureza quiero más
más honor y más deshonra
más virtud y más bajeza
de todo lo que amé quiero más
de lo que aún no he probado quiero más
de todos los excesos quiero más
más dolor
más placer
quiero más
y cuando me muera
como una ráfaga y como una súplica
saldrá de mi boca la palabra más.

*

Alguien pronuncia mi nombre
la grúa detiene su acción devastadora
alguien pronuncia mi nombre
los obreros se quitan los cascos y abandonan su tarea
alguien pronuncia mi nombre
soy una demolición en suspenso.

*

Alaridos en el ventrículo de las torturas.
El amor desollado pide a gritos
que le devuelvan las epidemias.
La memoria decapita los nombres de los fracasos.
Alaridos en el ventrículo de las torturas.
Se arrastra la tristeza por los túneles de las arterias.
Los errores que cometí flotan en el pantano
de mis pensamientos.
Aúlla la traición en la bruma de mis ilusiones.
Alaridos en el ventrículo de las torturas.
En mi cuerpo, donde se celebraron los ritos del placer,
monjes funerarios ofician la misa del adiós.


Sucedieron varias historias pero…
¿Para qué contarlas?
No importa lo acontecido sino las huellas que dejó su paso.
Basta con observar las marcas para develar todas las historias.
Y quizás todos llevemos una cicatriz que ocultamos
porque nos avergüenza.
Esa cicatriz es el único documento de identidad legítimo.
Es el que revela quiénes somos.
Nosotros no podemos esconderlo, es más, necesitamos
mostrarlo y que se nos ame igual.
Nos resulta insostenible ocultar nuestras fallas,
nuestra imperfección,
nuestra marca.


Te informo sobre la situación en casa, por si te interesa.
La persiana de nuestro dormitorio se trabó arriba y se niega a bajar.
Las puertas del armario bostezan de noche y de día.
La parte de tu lado de la cama se muere de aburrimiento.
Una banda de polillas insensatas se comió la cortina azul.
Cuelgan de todos los cajones lenguas de trapo sedientas.
Las toallas que olvidaste en el suelo envejecieron precipitadamente.
Los lirios de plástico que habías puesto sobre el calefactor se marchitaron.
No quiero exagerar, pero alguno de los Rolling Stones humedeció
con sus lagrimas la pared donde pegaste el póster.
El cielorraso se descascara pidiendo que vuelvas.
(Y de mi corazón
mejor no hablemos)


Otoño. Que sea otoño. Que sea otoño y que llueva. Mucho. Que haya leños ardiendo en un brasero. Y un gato. Que haya un gato, y que sea negro y mire amarillo y se enrosque y nos enseñe un poco a vivir. Pero por sobre todas las cosas que sea otoño. Que le falte un vidrio a la ventana. Que entren por ese hueco el frío y la lluvia. Que tengas ganas de besarme. Muchas ganas. Que sea otoño. Otoño y que llueva. Que un hombre te esté esperando en otra parte. Y no vayas. que sea otra vez otoño. Y te quedes. Otoño y que llueva. Que no vayas. Que te quedes conmigo. Que sea otoño otra vez y te quedes.


Alguien habrá acercado su mejilla a una almohada usada por mí para recordar el roce de mi piel?
Alguien habrá permanecido despierto hasta la alta noche para seguir amando con su mirada mi egoísmo dormido?
Alguien habrá caminado por una calle desierta de un país lejano murmurando mi nombre llamándome?
Alguien habrá serenado su corazón apretando contra su rostro pequeñas ropas mías?
Alguien habrá preferido mi muerte antes que verme en brazos de otra persona?
Alguien habrá gozado entrando al baño después de mí, con el vapor, la temperatura y los perfumes de mi intimidad?
Alguien habrá deseado caer en el sueño con mi sexo anclado en sucuerpo?
O solamente yo amé de esa manera?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Copyright © Todos los derechos reservados / Hoja negra oficial Colombia | Newsphere by AF themes.