Sab. Feb 22nd, 2020

POEMAS DE ALEJANDRO CONCHA (chile)

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Alejandro Concha M. (Lota, 1995)

Poeta y codirector del Movimiento artístico La Balandra Poética. Autor del libro Estirpe. Su escritura se caracteriza por el rescate de la memoria, el patrimonio literario e identidad de la Cuenca carbonífera, lugar donde nació dos años antes del término de la actividad minera en Lota. Es colaborador de Crisálida Artes escénicas y del programa Por una educación poética para Chile donde participa como monitor en escuelas y es copartícipe de los Festivales de poesía del Biobío. Como ex-miembro de la agrupación de escritores de Lota editó durante dos años la revista literaria El Candil y posteriormente la revista chileno-mexicana Sudras y Parias. Junto a escritores de su zona editó la antología de escritores del carbón Huellas y la antología internacional de poetas juveniles Hilos Rojos.


POEMAS


AUTOBIOGRAFÍA A LOS 23

En suelo que no germina, hermano,
he dispuesto de tu sangre;
para que aquí carezca también la rabia y el enojo.
No hay duda que acreciente las aguas
humedezca mis heridas sin cicatrizar;
erosión de tierra fértil — joven promesa—           
                                      Abel.

Nunca advertí ademán siquiera
que te pudiera en un momento prevenir
del paso de los lobos.

Por eso te arrojo estas migas, donde ya no hay madre.
Así, si algo fluye de tu resto apolillado, de tu
         cariño residual,
de tus ojos de  veladas;
sea la calma conveniente para vagar por el desierto
cuando tu pena sea mi única procesión.

Me arrepiento también de tantas cosas:
mira mis manos, mi frente castigada
mírame asentir con negación
¿Soy acaso el protector de tus espaldas?

A la hora del delito
nadie asume la culpa
y mi guerra exige cesar.

La tierra se hace amplia y donde camine
cargaré en mi lengua tu lastre,
tu rostro, una carcasa rota
donde alguna vez pude pertenecer.


AZUL COBALTO

Sol, arrástrame contigo.
Sacrificaría mis madrugadas con el fin de mantenerme
de frente, al calor dorado y el chasquido
del río, al cual me hunden estas piedras.
Soy pequeño, y por lo mismo
no ocupo tanto espacio.
Oscilo entre la seguridad de la palabra
y el fulgor nervioso de una flama que no aquieta…
Ardo; por lo mismo ardo.

La insignificancia con la cual he sido formado
o la suerte con la cual he sido arrojado al mundo,
me azota con violencia esta existencia consciente
donde me distingo novel y ajeno,
incapaz de llevar conocimiento entre mis manos
con pasado de sobra cargándome las carteras.

La omnipresencia del universo me hace parte,
entonces, estando tan cerca, explica
¿Cómo te alcanzo?
si justo cuando la última flecha hiera el espejismo cobalto,
me abandonará todo aire
y mi efímera supervivencia se verá culminada.

Sol, arrástrame contigo.
Alzaría los dedos aún si quemaran tus arreboles
sus colores, desperdigando el rastro de tus huellas
ligeras, me incitan a desprenderme de mis piedras.
Ardo; por lo mismo ardo.


LOTA

A quién podría incomodarle verte desaparecer.
A quién, que este cuerpo y corazón de bronce
         detenga su traqueteo mecánico.
A quién los ruidos, los barcos, el polen;
si a nadie le importó cuando la tierra
huérfana de la mano mesiánica
se le fue privada de la voz.

Pienso en la larva de los imperios del mundo.
Oigo gemir, en el espejo de sus osamentas
en el pliegue marino, su quebrar de muelas:
Pilpilco, enigma, calas:
vibran en la superficie del espejo.

No sé si me importaría que me arrastraran sus aguas,
que un niño tomara de mis huesos la semilla
y soñara con un ojo en las nubes
ver crecer un girasol.

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