Sab. Feb 22nd, 2020

Tres poemas de Gabriela Hart

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Poeta. Cofundadora del grupo teatral Contravía. Lingüista de la universidad La Gran Colombia. Ha publicado independientemente, dos libros propios: Descomposición en Invierno (Antología poética, 2016) y Descomposición Total (Cuento, 2018) con Editorial Hoja Negra. Director de la editorial hoja negra.


ÁNGEL

En la penumbra me despierto.

Hay un dolor punzante que me recorre tenazmente,

latente, profundo, preciso y directo,

lomo un niño con un puñal que salta desde el techo

encima mío

atravesándome y volviendo a salir desde adentro.

Me muevo en la cama

me arrastro hacia el espejo,

y lo único que veo es al miedo

mostrándome lo que me queda:

Mi corazón, que es lo único seguro que tengo.

Como una bombilla que resplandece con un leve temblor

y me rebota en la carne,

en la boca del estómago,

en la nunca

en los parpados

y en la muñeca izquierda.

Cada latido es una palabra añeja.

y es cierto que tengo miedo,

se nota en el movimiento de mis dedos.

Pero tengo aún una fuerza oculta,

recuerdos ardientes y rebeldes,

sueños de ternura y fuego.

Tengo los ojos abiertos a la penumbra.

Me volveré amiga del niño con el puñal

que cae encima mío desde el techo.

Toda mi sangre defiende mi ser y mis creencias.

Esta noche me abandono al dolor punzante

y me convierto en tímida sonrisa

En un triste á n g e l.



VISTAS NEBULOSAS

Me retumban en la cabeza

todas las inquietudes de mi sistema nervioso central.

No puedo canalizar ni con letras, ni con música,

ni con la luz de Dios

todo mi dolor.

Siento un frío que sube por mi corteza de mármol

Casi que me congela y me parte en miles de pedacitos

Percibo que las mariposas de invierno se posan en mi antebrazo

Enfermar de miedo es doloroso,

Como una luz caliente penetrándome los parpados

Alcanzo a ver que ya no me brillan las alas.

Mis reflejos son sesiones nocturnas de mi atrapamiento

que no se consume

pero que arde

con vistas nebulosas mareantes

Y me deja ver rostros deteriorados

que deambulan a mi par

Que me indican la salida

bajo el mar.

Y me hundo rápidamente

y me ahogo

con los peces nadando a mi alrededor

Danzan en círculos mientras yo cierro los ojos.

Dejo de ser, al fin.

Y el pez dorado se duerme mientras me ve morir.



NO SOY POETA

Tengo un solo cuerpo

como una habitación incomunicada:

Cuatro paredes,

en la del fondo dos cámaras,

dos camas

un baño sin puerta

un mensaje escrito en tinta roja invocando a Dios

Dos timbres

una ventana sellada por donde se escuchan los gritos, los llantos, las risas, …los planes macabros.

Todo es mi cerebro

metido en una envoltura con un lazo muy apretado.

Mis manos tocan mi esqueleto y abren mi pecho de lado a lado

exponiéndolo al aire podrido del encierro.

La sangre se mezcla con el hedor

del enfermo de la otra habitación.

Las enfermeras parecen enlentecidas para abrirme la puerta.

El agua es tan caliente

las sillas de la sala tan frías,

mi retina vuela hacia el cielo como pájaro.

Apenas es de mañana y ya quiero volver a dormir.

Los grillos se escuchan chillando en el tejado.

Me hablan los bosques que no veo

Las flores que no huelo

Los mares que no siento.

El alma sin el cuerpo.

Aquí adentro estoy sola con el pecado.

Aquí no hay obra, ni soy poeta.



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