Mie. Nov 20th, 2019

Debemos recuperar nuestra conexión con la Amazonia

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La Amazonia sufre, gime, el pulmón del planeta, ¿y qué es el planeta?, un organismo sintiente, los arboles cruzan los valles de costa a costa, los animales viven en ellos, diversas formas de vida se desarrollan: vida microscopia, vidas en las raíces, en las ramas, en las grutas. el planeta es una casa con millones y millones de habitantes.

El crimen en la Amazonia es un genocidio contra la naturaleza, contra nuestro planeta, contra la vida, la vida animal.  Arde la selva porque los hombres añoran sus recursos, arde la selva porque desean su madera, sus piedras, la carne de los animales, porque los árboles que acompañaron por siglos al mundo, estorban el paso a los ganaderos y a los grandes empresarios de la soja.

A nadie le importa la Amazonia, no es una catedral, no es un periódico famoso de parís, no es una empresa de Wall Street; es la selva, arboles, animales, ríos y piedras. A nadie le importa, todos conciben la ciudad como el referente para sus vidas y su evolución, todos despiertan en la mañana, observan las paredes, toman una ducha y se dirigen a su trabajo, sueñan con automóviles, casas, celulares, cupos en universidades. La ciudad ha segado al humano, los hombres han construido edificios altos y ellos han devorado sus sueños, ya no pueden ver las estrellas porque las luces opacan el cielo, un monstruo de cemento. Es el humano un producto devorado por la ciudad.

A nadie le importa la selva, los mensajes de los abuelos, las tribus perdidas, los dibujos en las piedras, nuestros ancestros. No tenemos memoria, pensamos en el mañana preocupados por subsistir, deudas, adquisiciones, cumplir un estatus social.

Hemos olvidado recordar que somos animales conscientes, somos parte de la naturaleza, hemos olvidado reconocer la vida en un planeta el cual oscila en la nada, una esfera que contiene recursos limitados. Somos crueles como especie, no nos importa prender fuego a nuestro pulmón, nuestro pulmón se quema, algún día fallara nuestro corazón (La ciudad), algún día colapsaremos.

Nos han mentido, vivimos en un engaño, la ciudad no es nuestro hábitat, no estamos conectados a la ciudad, la sangre de la ciudad es el dinero, el dinero no puede darnos la vida; la sangre de la selva es el aire, el agua, la tierra, el fuego, sin ellos no hay vida. Nos han mentido, no somos maquinas, ni trabajadores, ni abogados, ni médicos, ni maestros, no somos. Vivimos perdidos en personajes, nos encontramos a expensas de identidades ajenas, no somos.

La selva es nuestro hogar, si destruimos parte de la Amazonia, si dejamos que los arboles caigan, que los animales mueran y la tierra sea el bien de algunas empresas para aumentar sus arcas personales, estaremos perdidos.

La tierra no tiene dueño entre nosotros, no tenemos parte con ella, la tierra es de nuestros abuelos, la tierra es de nuestros ancestros, de las primeras tribus que se asentaron en el planeta, ellas dejaron sus huellas en la piedra, en las paredes de las cavernas. Hoy los presidentes de cada nación se erigen como dioses, supremos gobernantes por encima de la naturaleza, conciben la naturaleza como un recurso. Animales que habitan en cada tramo son quemados vivos, no les importa si sienten, sufren o se retuercen en las llamas. Los arboles se incendian, hay vida en ellos , existen y viven bajo una forma de vida, vegetal, producen oxígeno, están íntimamente ligados al ser humano.

Un día la selva permanecía habitada por indígenas, llegó el hombre blanco y asesinó al hombre de los bosques por sus recursos, la misma historia se repite, el hombre invadirá cada rincón del planeta, explotará, asesinará, saqueará, es nuestra naturaleza, destruir.

Tenemos que recuperar nuestra conexión con la selva, tenemos que conectarnos con el medio ambiente, sumergirnos en los ríos, sumergirnos en los árboles, escuchar el canto de los pájaros, la neblina que surca la montaña, sentir la lluvia.

La Amazonía nos reclama, reclama de nosotros conciencia, no necesita adoración, ni promesas vanas, necesita que cuidemos con amor y responsabilidad el lugar y los recursos que fueron puestos a nuestra disposición, necesita que aprendamos de ella, necesita que escuchemos la voz de los ancestros. Cada uno somos parte del Amazonas.

Juan Andrés Gutiérrez
juanandresgutierrez@hojanegra.com

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